El hotel e instalaciones nos encantaron, preciosas vistas en un enclave idílico.
Los niños tenían un parque todo natural de madera, cama elástica, tiro con arco, badminton… El lugar es ideal para un contacto total con la naturaleza.
Lo mejor, sin duda, fue el desayuno casero preparado por Paula, una persona maravillosa que nos hizo sentir como en casa en todo momento, preocupándose por nuestro bienestar y ofreciéndonos consejos acerca de dónde comer y qué visitar , además de cariñosa con los niños.